Debes instalar el reproductor Flash para poder visualizar este escaparate.
Este verano se lleva la androginia PDF Imprimir E-mail
Escrito por Administrator   
Sábado, 30 de Mayo de 2009 15:27

En el año de gracia de 1150, Malaquí­as O´Mongoir profetizó el fin del mundo. Entre otras fatales señales (papas negros y antipapas aparte), ésta: "Los hombres vestirán de mujer y las mujeres, de hombre". Cualquiera diría que el santo arzobispo de Irlanda tuvo una visión de la revolución indumentaria que el intelectual Pierre Cardin comenzarí­a a desarrollar en 1965 y a la que, poco después, el hippismo darí­a carta de naturaleza: el axioma unisex.


Cierto que la moda ha estado jugando al intercambio de géneros desde que la mujer comenzó su proceso de liberación, y sigue en esas: todavía lucha por la conquista del poder económico y social. Ésto es lo que realmente le interesa, más que utilizar ropa de los hombres.


Fué mademoiselle Chanel la que descubrió que el vestuario femenino podría ser más funcional si adaptaba prendas y tejidos masculinos, al estilo de los gloriosos mitos andróginos/ambiguos tipo Marlene Dietrich, Greta Garbo, Katherine Hepburn o Amelia Earhart.


Pero fue necesario esperar hasta finales de los desinhibidos 60 del siglo pasado para que el hombre comprendiera que él también podía entrar en el juego de la confusión (y no todos tenían los arrestos de un Mick Jagger, capaz de robarle sus mejores galas a sus novia Marianne Faihful)


El invento de YSL.

A patir de ahí, ya no hubo marcha atrás, mayormente por la gracia de Yves Saint Laurent, que convirtió la sahariana y el esmoquin en patrimonios de la mujer, mientras el glam vendía androginía y ambigüedad masculinas como una provocativa revolución-a principios de los 70, la filosofía hippy y los ideales de mayo del 68 ya habián fracasado- que instaba a un lujurioso apetito por la vida, indistintamente de lo que uno tuviera entre las piernas. No se trata de intercambiar los papeles ni, mucho menos, de obviar el sexo de cada cual. Es sólo una llamada a compartir prerrogativas, lo que no quiere decir renunciar ni a la feminidad de unas ni a la virilidad de otros. Convertido en una tendencia recurrente que nos visita prácticamente ya cada temporada, lo androgino o unisex ya no supone revolución alguna, ni aun cuando venga firmada por Armani. Ni siquiera con el regreso de Grace Jones, de 60 años y aún magna sacerdotisa de la ambigüedad. Tenemos implacables trajes sastre para ellas y pantalones ultraceñidos para ellos, por no hablar de ese terno oficial -camiseta, vaquero, deportivas-que ha uniformado a varias generaciones de ambos sexos.


Déjame tu vaquero.

Al cabo de cuatro décadas, los diseñadores han encontrado en lo unisex una etiqueta con tantas posibilidades comerciales como el eco chic o el vintage. Ahí está el tan traído y llevado reclamo del boyfriend jean, el vaquero que le "coges prestado" a tu chico, ahora a conjugar con una americana hombruna para completar el efecto tomboy. El truco consiste en ceñir el talle con un cinturón fino, recoger las mangas hasta el antebrazo, cargar las muñecas de brazaletes y calzar taconazo. También existe la opción del pantalón ancho y fluido, al estilo Stella McCartney. En tal caso, súmenle un gran bolso y plataformas. Y para el sobrio traje masculino negro o gris, nada como un top vaporoso, al estilo de Veronique Branquinho. Con unos zapatos derby y el clutch de rigor se habrá dado laa campanada. Stefano Pilati chez Saint Laurent, ha realizado un mix con las mejores cualidades de ambos géneros. Y el hombre puede animarse si es delgado comoo Pete Doherty o Jamie Hince, chicos por los que ha suspirado Kate Moss.

Sara Sáez (EL MUNDO)